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El Dragón




Terrible, poderoso, lleno de mágicos
poderes se yergue el dragón amenazante.

Tan sólo el héroe de corazón puro podrá
rescatar a la doncella prisionera.

Presente en los cuentos, las leyendas y
el folclore, ¿cual es el mensaje que
encierra esta figura legendaria?
 



Entre los monstruos míticos, el dragón es uno de los más antiguos, aquel cuyo símbolo sea posiblemente más universal. Todos tenemos una imagen del dragón; al nombrarle, rápidamente pensamos en un ser grande, poderoso, terrible, que echa fuego por sus fauces; una bestia que conviene no despertar. Tal vez es el recuerdo inconsciente de una época prehistórica en el que los grandes dinosaurios regentaban la vida en el planeta.

En leyendas de todas las tradiciones aparece este ser, aunque ha sido representado de mil maneras diferentes según los tiempos y lugares.

Cada una de las partes de su cuerpo puede constituir una clave simbólica que representaría una propiedad alquímica y mágica referida a fuerzas ocultas. Por una parte tiene alas provistas de zarpas y también patas surtidas de garras de águila, es decir pertenece a la tierra y al aire y por tanto puede adueñarse de presas de ambos elementos.

En las representaciones más antiguas aparecen, sin embargo, sin alas ni patas; entonces se asemejan más a serpientes, pero incluso así, jamás se presenta como una serpiente rampante, generalmente se le ve inhiesto sobre la cola, como si esta se constituyera en un eje central.

También es frecuente verlo enroscado alrededor de algo que pueda sugerir un eje vertical; es como si quisiese unir los dos polos de su naturaleza terrestre y celeste. Recordemos la serpiente que tentó a Eva en el árbol de la ciencia del bien y del mal, o el caduceo renovado por Moisés al bajar del monte Sinaí.
 



En el arte indio se suelen encontrar parejas de dragones serpientes cuyas colas enlazadas son el motivo decorativo preferido de las estelas dedicadas a las potencias del agua y de la tierra. Y es que no se puede olvidar la relación que el dragón tiene con el elemento agua. Ellos frecuentan las profundidades porque vienen de todas partes y de ninguna. De alguna forma tienen la misma naturaleza que el agua, elemento primordial de todo tipo de vida, y por este motivo suelen encargarse de proteger fuentes, ríos y mares en algunas tradiciones.
 



En virtud de su condición de serpiente tiene también la facultad de cambiar periódicamente de piel, lo cual simboliza la renovación, el renacimiento constante.

En alquimia antigua se representa con el símbolo del OUROBOUROS, una serpiente-dragón que se muerde la cola, es decir que une los dos polos, los contrarios.

Es la creación que se engendra y se destruye a sí misma en un interminable viaje circular. Es la idea hindú de la eterna rueda del Sansara o continuo ciclo de los renacimientos.

Así, morir no representa más que finalizar un estado para renacer en otro y así evolucionar.
 



En las teorías taoístas, la llegada del principio yang que coincide con la primavera y la renovación de los ciclos, es representada por un dragón rampante que se eleva al cielo con el equinoccio de primavera y se hunde en las profundidades de la tierra con el equinoccio de otoño.
 


Otro elemento que en ocasiones presenta el cuerpo del dragón son los cuernos. Estos simbolizan el poder y la virilidad, suelen asociarse al carnero, otro animal con cuernos que representa la potencia del sol. Así vemos en el signo de astrología Aries, primero del zodiaco, que comienza con la primavera y el resurgir de la vida.

Pero veamos ahora donde vive el dragón. También todos tenemos una imagen clara sobre los lugares que frecuenta. Puede ser el interior de una profunda caverna que simbolizaría el corazón oculto de la tierra, de las fuerzas telúricas y psíquicas.
Allí el dragón cumple una misión, es un guardián feroz de un fabuloso tesoro que normalmente suele ser de oro, metal inalterable y puro, símbolo de perfección, inmortalidad y espiritualidad. El guardián pretende acabar con todos los que anhelan su tesoro pero no son poseedores de un corazón puro. En otras ocasiones, en vez de un dragón encontramos una esfinge, o un toro alado o cualquier otro animal mágico, pero el tema se repite a lo largo de la historia y de las civilizaciones como una obsesión.
 



En la tradición cristiana San Miguel, San Gabriel en la islámica, vencen al dragón porque poseen perfecto conocimiento tanto del mundo terrenal como del celestial.

La espada que logra atravesar al dragón se convierte así en símbolo de la palabra divina, es el rayo de luz que acaba con las fuerzas de la duda y la ignorancia.

En varias leyendas orientales se cuenta como el héroe, al vencer al dragón, encuentra un sable en el interior de la cola, una espada nacida de su propia sangre y que será el símbolo de la alianza de la tierra con el cielo.
 



Un aspecto curioso que se repite en distintas leyendas y cuentos es que el dragón permanece inactivo y sin molestar al pueblo a cambio de una ofrenda que le hacen los hombres.

Suelen ser jóvenes doncellas que el monstruo devora. Esto es muy frecuente en la mitología judeocristiana, en la cual el dragón se convierte en la encarnación del mal.

Aunque el dragón no es macho ni hembra, cosa que caracteriza a todas las fuerzas elementales, se le atribuye un cierto parentesco femenino, y es como si tuviera que alimentarse de doncellas para asimilar así su poder de engendrar la vida.

De una forma u otra siempre hay una lucha entre la mujer y el animal. En la tradición cristiana, la Virgen aparece pisando la cabeza de la serpiente, es decir, domina la naturaleza instintiva y material.
 



En las leyendas de caballería medievales el dragón es el enemigo absoluto al que todos los caballeros deben enfrentarse, y en muchos casos han de pasar una noche en el interior de la cueva en donde habita.

Todo ello es como una prueba iniciática que le permitirá alcanzar el honor, la gloria y la libertad interior.

Pero debemos recordar que el caballero capaz de realizar esta hazaña no era un ser vulgar. Debía tener valor y pureza. En sus constantes aventuras terminaba volviéndose indiferente a los bienes materiales, sólo los altos ideales le motivaban y no poseía más que su caballo y su espada.

Esto nos recuerda que el hombre ha de vencer con su cuerpo y la fuerza de su voluntad.

Entre los pueblos germánicos, así como en la tradición oriental, el dragón no es diabólico ni maléfico, sino un símbolo de poder, fuerza creadora.

Los emperadores lo tenían como emblema, mostrando así que su poder les era otorgado por el cielo y por los hombres.
 


 

Hay numerosos templos en su honor a orillas de ríos y lagos, y es que ellos son los señores del Agua y tienen el poder de hacer surgir fuentes a su antojo o de provocar la lluvia. Es verdad que de sus fauces sale fuego, pero en Oriente este fuego procede del cielo, es el rayo que anuncia la lluvia, dadora de vida.

En Asia el dragón adopta un nuevo papel, se convierte en mensajero y se encarga de transmitir los deseos de los hombres a los dioses. No se puede olvidar que él domina los dos mundos y puede ir de uno a otro como benefactor y ayuda del hombre.

Hay una antigua ceremonia que es llamada “el Lanzamiento del Dragón”, y consiste en arrojar en el interior de las cuevas, o también en manantiales donde se supone que habitan, oraciones grabadas en tablillas metálicas o de piedra para que éstos las transmitan a sus destinatarios celestiales.

En China no hay río, cueva, estanque ni pozo que no tenga su dragón particular. Poseen toda una gran familia de dragones organizados según una jerarquía, todos ellos son benévolos pero alguna vez se enfurecen, convirtiéndose en una fuerza invencible y peligrosa. Esto sucede cuando los hombres alteran con sus acciones el orden cósmico. En tales casos exigen un tributo, el orden debe reponerse inevitablemente. Entonces se produce el huracán, el tifón y demás desastres que no son fruto del azar o de la casualidad, sino de la desarmonía ocasionada por el hombre.


Aunque no suele ser muy habitual, también encontramos textos que hablan de la ofrenda, en sacrificio, de una muchacha para pacificar las iras del monstruo, hecho curioso en donde coinciden las tradiciones oriental y occidental.
 



Otro campo en el que también aparece este enigmático animal es en la ciencia astrológica. Existen al menos tres sistemas astrológicos en los que el universal dragón se convierte en uno de los signos fundamentales del Zodiaco.
 



En India corresponde al que nosotros conocemos como Acuario. Se trata de un ser intuitivo, ingenioso, móvil e independiente, cuyo señor planetario es Saturno, al que está asociado la “cabeza del dragón”.

En la astrología de los aztecas representa la serpiente COATL, que tiene patas provistas de garras, cabeza de largo pico y cola cubierta de plumas. Es el gobernador de ciertos días del año. También en esta tradición aparece asociado al agua de la tierra, a la humedad desde donde se proyecta al cielo, allí se transfigura y se convierte en Luz. Podemos ver aquí el simbolismo de la evolución de la persona desde la oscuridad y la ignorancia hasta la luz.
 
   

En la astrología china se atribuyen signos animales a los años y el dragón es uno de ellos. Durante el año del dragón tanto la suerte como las desgracias serán masivas.

Es un tiempo lleno de sorpresas y sucesos naturales violentos. La atmósfera cargada de electricidad que crea el dragón con su poder afecta a todos profundamente. Las personas nacidas en ese año estarán llenas de vitalidad y fuerza. Su impetuosidad y su celo, casi religioso, pueden arder como el fuego arrojado por el dragón.

El mítico dragón chino se presenta a sí mismo con estas palabras: “Soy un fuego inextinguible, el centro de toda energía, soy corazón firme y heroico, soy la verdad y la luz. En mi imperio abarco el poder y la gloria. Mi presencia dispersa las nubes oscuras. Y soy el elegido para dominar a los hados. Soy el Dragón”.
 



Como podemos observar, este animal es tan viejo como la Tierra y siempre ha acompañado al hombre en su caminar, en sus mitos, en sus vidas.

A veces pensamos que ya no existen dragones ni héroes, creemos que todo ello pertenece a otro mundo, a otro tiempo en el cual la imaginación los hacia surcar cielos y aguas. Sin embargo, siempre hay hombres que se deciden a emprender la aventura, valientes que portan una espada con tanto poder como la del dragón y que consiguen hacer de sus vidas toda una leyenda.

Los mitos, los cuentos, continúan vivos aquí y ahora, y no sólo son reales, sino que ellos son la auténtica realidad.
 
 
Clara.  


Los Trabajos de Hércules: Piscis