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El Tarot

Nada se sabe sobre el origen del Tarot. El comienzo de la humanidad ya está ligado a la interpretación mágica de los dibujos de las cavernas que podían anticipar los resultados de la caza o del tiempo por venir.

En el terreno de lo que pudo ser se nos presentan con fuerza las grandes civilizaciones, madres del desarrollo de esta humanidad que conocemos.

Mesopotamia, Egipto, o quien sabe qué lugar fue el que recibió la inspiración de la sabiduría del Tarot.
Dice la leyenda que en los albores de la humanidad los hombres sabios tuvieron la visión de los tiempos de degeneración y horror que se avecinaban. El conocimiento podía ser mal usado por lo que se decidieron a esconderlo de todos aquellos que no fuesen puros de corazón.

La mejor forma de ocultar lo profundo, lo verdadero, lo oculto era mostrarlo al mundo como un simple juego. Menospreciado por muchos, ignorados por otros, sigue presente sólo para los niños, los locos y los puros de corazón.
 
   
   


Por supuesto el verdadero sentido del Tarot se ha perdido o no se suele usar hoy en día porque la adivinación es la parte menos importante de este enigmático libro de sabiduría. Sus símbolos, sus dibujos, sus colores nos llevan a un estado más profundo, más sereno, más en contacto con la verdadera realidad de nuestro interior.

Instrumento de autoconocimiento nos revela lo que detrás de las apariencias escondemos.
Es increíble, estremecedor, como el cartón de unas simples cartas nos puede retratar en nuestras cualidades, defectos, proyectos y esperanzas.
Claro está que para que esto sea posible es necesario el primer requisito para cualquier actividad. El querer de verdad es el motor y la sinceridad el combustible.
 
   
   


En la historia no tenemos muchos datos de la aparición y desarrollo del Tarot.
Hablan del siglo XV como escenario de un mazo aparecido en Italia. Hablan de gitanos, de bohemios y similares, pero desde luego esto es sólo la parte externa de algo mucho mayor.
Los datos que tenemos siempre inciden en el aspecto exterior que es el destinado al profano, al externo de este maravilloso mundo.
No existe forma de bucear en el pasado pero si que se puede avanzar en el presente.
Es necesario tener un tarot, yo les recomiendo el llamado "Rider". No existe otra razón que la claridad de sus imágenes, la facilidad con la que transmite conceptos, ideas, mensajes también al principiante.
Todo el mundo aunque no haya visto nunca una carta así, podrá interpretarla. Hay que contar con lo que tenemos. En otras palabras hay que empezar por lo externo. El significado, los símbolos, los colores, las formas, todo ello ha de ser algo propio.
Los significados adivinatorios también son importantes.
Con esto el mágico camino esta iniciado.
A partir de aquí todo lo demás viene dado por el esfuerzo, la dedicación y la pureza de corazón del practicante.
 
   
   


El tarot no es un instrumento para atemorizar, ni impresionar al consultante.
La discreción y el altruismo tienen que ir de la mano en el trabajo del "camino real" (nombre que se le da al Tarot en egipcio).
El Tarot nunca puede ser un medio de enriquecimiento a costa de los sufrimientos y los problemas de los demás. El verdadero tarotista está al servicio de sus semejantes y como el sanador ha de ofrecer sus servicios por la voluntad.
La elección de enaltecerse con el tarot al igual que con cualquier otra arte esotérica por supuesto es una decisión propia y personal.
En el uso de este arte es como se desarrolla la intuición, verdadero instrumento de percepción y ayuda a los otros. Esta voz nunca, nunca, se equivoca, es el tarotista el que sí que puede no interpretar adecuadamente lo que su corazón le dicta.
La mente juega de las suyas. El miedo a la equivocación, las percepciones externas etc., etc., pueden confundir. Hemos de olvidar el intelecto para lograr la comunicación con la sutil herramienta.
En el servicio, en la entrega, el "camino real" muestra, da pequeñas pistas de aquello que los antiguos encerraron en sus cartulinas.
Hay que acabar con lo que no es. Destruir lo que no sirve.
El Tarot no es exclusivo, otras artes esotéricas también esconden las claves.
Desde luego percibir el verdadero significado de las cartas o de los signos es algo que sólo está disponible para los que logran terminar con su ego, con las mil y una pegas que no nos dejan ser felices, descubrir la felicidad que nos rodea día a día.
Entender el lenguaje de los pájaros, descifrar el mensaje de los libros de piedra (las catedrales).
Ser uno con todo lo que existe es la meta del Tarot.
Descubrir y unir no por la ambición o el poder, sino por el merecimiento del que muere en sus imperfecciones para renacer en el servicio y el amor.
 


El tarot está formado por 78 cartas, llamados Arcanos. 22 son los Arcanos mayores y 56 los menores.
Todos forman un conjunto, un cuerpo de información que se complementa a la perfección.
Son múltiples los Tarots que existen en el mercado. Todos sirven con la única condición de que su mensaje sea correcto, equilibrado, armónico y que guarde los grandes símbolos que se repiten en los principales. (Las figuras de los Arcanos Mayores, etc. )
El tarot "Rider", el de "Marsella", el "Esotérico", el "Balbi" y tantos otros sirven para nuestros propósitos.
No recomiendo personalmente ni los artísticos que anteponen las tendencias del arte al mensaje, ni los de carácter ambiguo y poco claros.
 
Tarot Rider. 


 
Tarot Marsella.  


Vamos a continuar con un juego. Al igual que los primeros sabios que decidieron hacer del Tarot un "entretenimiento", les propongo desde estas páginas que usen las cartas.
Aunque no tengan el mazo "Rider" antes mencionado, cualquiera puede servir.
Barajen bien las cartas, mezclen una y otra vez todos los arcanos tanto los mayores como los menores.
A continuación corten el mazo con la mano izquierda una vez.
El siguiente paso es elegir al azar una carta.
Esa carta le representa a usted, en el momento presente.
Es una información muy valiosa.
El siguiente paso es rescatar esa información de la manera más precisa posible. Para ello hay que observar la carta y sin ninguna impaciencia ponerse en una actitud receptiva. No hay que forzar, más bien es una aptitud de recibir.
Desde luego es importante contar con la explicación adivinatoria del manual o de algún libro serio sobre el tema. Es una base para orientar la mente, un guión de por donde va dirigido el mensaje del Arcano.
Ninguna carta es estándar y sirve para todo el mundo, por eso el mensaje que recibimos de un manual es incompleto. Hay que completarlo, matizarlo, llenarlo y adaptarlo con la propia intuición que viene en esos momentos de reposo y reflexión serena sobre lo que nos quiere indicar el dibujo correspondiente.
Los resultados son sorprendentes y sobre todo conducen a una conquista elevada. Conocerse más a uno mismo.
Es una herramienta que nos puede ayudar a resolver todo tipo de conflictos, corregir el rumbo de nuestra vida si no es el correcto y mucho, mucho más que el tarotista irá conociendo. ¡Que ustedes lo disfruten!
 
 
Eloy. 


El I-Ching y La Bola de Cristal
La Astrología