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Historia y Adivinación (II)

En el artículo que apareció en la Revista Floralia del mes de abril, comenzamos a viajar a través del tiempo para hacer un recorrido por la historia de la adivinación. Fuimos muy lejos, hacia el pasado, intentando descubrir aquellos principios en los que el corazón del hombre sintió un fuerte anhelo, una intuición que le indicó que había otros mundos entremezclados en este que él veía y pisaba. Tiempos eternos en los que el hombre supo también que tenía posibilidades de entrar en esos mundos que le rodeaban.
Desde entonces continúa abriéndose la puerta de vez en cuando y aquellos que están preparados intentan, una vez más penetrar en el misterio.




  Regresemos ahora nuevamente a aquellos frondosos bosques en los que habíamos quedado. Adentrémonos entre el espeso follaje hacia el mismo corazón del bosque. Allí están, celebrando su magnífico ritual de adivinación, envueltos en sus largas capas, los druidas.  


¿Pero quiénes eran estos hombres? Sabemos que pertenecían a la casta sacerdotal del pueblo celta, pueblo que antes de la conquista de los romanos se extendía por España, Francia, G. Bretaña, Alemania y hacia el Este.
Pero además de sacerdotes eran médicos, hombres de leyes, transmisores del saber tradicional, astrólogos y adivinos. El pueblo los veneraba por su sabiduría y ser druida era todo un privilegio al que se llegaba después de largos años de aprendizaje. Enseñaban que el hombre debía llevar una vida con un comportamiento ético, repleto de valores como la justicia, la veracidad, la generosidad y la valentía.
Vivían en la soledad de los bosques en donde celebraban sus ceremonias. Adoraban a las fuerzas de la Naturaleza que les habían transmitido sus secretos, el Sol, fuego perpetuo y sagrado, el Agua, espíritu de vida en el Universo, a todos ellos invocaban en sus rituales mágicos y predecían el futuro mediante el vuelo de las aves. El mismo Cicerón nos narra que los sabios druidas conocían los secretos del porvenir y que dominaban lo que ellos llamaban "las dos visiones".
 
   
   


Se cuenta que los misioneros cristianos, en un intento de acabar con estas prácticas, mucho tiempo después de que los druidas desaparecieran, ordenaron la matanza de todos los "abadejos" en cuyos gorjeos la gente continuaba leyendo el porvenir, según la tradición.  


Los druidas siempre se han relacionado con los monumentos megalíticos, menhires, dólmenes, etc. Todos ellos se encuentran situados sobre lugares con agua subterránea, llenos de humedad, lo cual nos demuestra que eran conocedores de la energía telúrica o terrestre y de los campos magnéticos de gran intensidad que pueden crearse.    
     
     


Supieron utilizar runas mágicas. Hoy en día es fácil adquirirlas en tiendas especializadas pero también puede fabricárselas uno mismo con un poco de dedicación y tiempo. Para interpretarlas existen diversas formas de consulta y cada persona utiliza el suyo propio, aquel que le permite conectar mejor con su intuición.

 
   


Una forma sencilla y práctica resulta de mover todas las piedras mientras mentalmente se formula aquella cuestión o pregunta que se desee. Se escoge una entre todas las piedrecillas y en la runa resultante obtendremos la respuesta.
Otra forma, algo más completa consiste en remover igualmente las piedras y elegir 13 entre todas ellas, disponiéndolas en círculo de manera que quede dibujada la gran rueda rúnica. Deberán ir interpretándose relacionándolas con diferentes aspectos de la vida del consultante.
Así, por ejemplo la segunda piedrecilla representará el aspecto económico, la tercera hablará de la familia, la sexta de la salud, la séptima del amor y la pareja, etc.
 
   


Sería demasiado extenso dedicarnos en estos breves artículos a profundizar en cada uno de los métodos adivinatorios que en ellos se mencionan. Sólo deseamos presentarlos para que aquellos que aún no los conozcan despierten su interés, de modo que si, en verdad, llaman su atención puedan buscar en los variados libros que sobre cada uno de los sistemas adivinatorios se editan constantemente. No olviden que en los libros encontrarán la teoría para poder comenzar a practicar e interpretar, pero sólo en su interior hallará la voz de la intuición que le permitirá adentrarse en ese plano llamado astral, en donde no existe el tiempo y por lo tanto cualquier información es posible.

Enrique.
 


Historia y Adivinación
El I-Ching y La Bola de Cristal