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 | Un Polandés en Floralia |
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Locos, emperatrices, ermitaños, y tantos otros personajes de Tarot, se veían arribar por aquellos días…a las estribaciones de un lugar del Mundo llamado Floralia.
Pues bien; En mi caso, como quien lo hiciera saltando en marcha vapuleado desde el viejo Carro de la rueda de la fortuna, y quizás buscando un poco de protección de las inclemencias de todo el tiempo vivido, y acogiéndome al calor que se dejaba traslucir tras sus humildes vitrales, este denominado polandés que aquí os relata, descabalgó de su montura cansada y se detuvo a sus puertas...
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Y fue así como en calidad de un jinete vagabundo errante de necesidad como quien sabe si tantos otros allí presentes, que pronto me adentré en la antesala de aquel colorido sitio.
Ante la atmósfera que el lugar parecía destilar, no tardé en sacudirme algunas de las mas perentorias preocupaciones, y una vez ya dentro de su pequeño escenario, tal decisión se dejó respirar en el ambiente como simple y llanamente la mas apropiada.
Y con ello, el hecho de comenzar a soltar lastre del ya agotado cabalgar cargado a mi grupa, pareció antojarse como la mas acertada de las opciones.
He de reconocerlo; Mi predisposición sincera, pero apenas fructífera, al lamento por los tiempos perdidos, y mi apelación a la romántica melancolía, languidecían allí demostrándose no aptas para grandes aportaciones como tales en las entrañas de aquel tan cotidiano como singular santuario.
Un lugar que parecía antojarse del todo por redescubrir. Y más ahora, cuando este tripulante cariacontecido necesitaba como agua de Mayo de un refugio donde plegar las velas de su extraña nave.
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Pronto, a su entrada, tras una luminosa Cruz dorada que se dejaba presentir anunciando una triunfante primavera de Botticelli, coloreada de esperanza en la Victoria de la Vida, una pequeña pero fascinante Alejandría de libros y horizontes de lecturas de todos los calibres, flanqueaban el recinto en donde uno seguía introduciéndose con un recogimiento cada vez más convencido.
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Allí, el buscador sediento de más arcanos y revolucionarios conocimientos, que en mi fuero interno aún se manifestaban sin el menor de los rubores, se aparecían de nuevo como fuentes aún del todo necesarias en las que embeberse...Como tal vez preguntándose todavía:
¿Quién diría si con una sed de un conocer en que mirar aquella sentencia del Buscad y Hallareis; anhelo de Hallar...la Verdad que nos hiciera Libres…?
¿Sólo siendo testigos por vosotros mismos, del desfilar de aquellos libros que allí se mostraban como en un Babel por desentrañar, podríais quizás entenderlo?
He aquí mi anticipada invitación a que lo hiciérais…
Porque adentrarse en sus incógnitos parajes se mostraba como una oportunidad tal vez de oro. Además, el lugar comenzaba a ofrecer a su vez remedios herbales y naturales de botica y de laboratorio, arribados de distintos lares y procedencias.
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Todo parecía apuntar a que con la dichosa búsqueda de la Salud nos habíamos topado allí en Floralia...
Fue así que al calor de aquel refugio donde recuperar fuerzas de ánimo y espíritu, me veía naufragado casi. Y más que por el destino… por el mismo desatino, allí arrojado por las inclemencias de las aguas del océano tras pretender aportar un grano de arena en pos de atenuar un ápice los problemas del mundo allí en mi enrededor, pero de salir trasquilado de la intrépida intentona.
Ahora pues… quien todo apuntaba a que fuera a necesitar una vacuna, pero no de tremebundos engaños sino de verdad, aunque se tratara de una verdad hecha de necesidad de olvido… iba a ser este pobre jinete.
Y bien pronto comencé a preguntarme:
¿Qué lecturas y remedios no pudieran conseguirse en este pequeño y escondido vórtice tanto de lo oculto como de lo desvelable en que allí me encontraba?
No tardé en atestiguarlo, mientras un extraño halo de ganada armonía, envolvía a los por allí presentes en cada irrepetible instante y ocasión, convirtiendo el lugar en una especie de remanso en el tiempo.
Fue así que entre los diversos protectores del lugar pronto un singular cartomante, al que luego por sus demostradas credenciales hube de apelar de Mago, fue reclamando mi atención, aldaboneando mi conciencia con su enigmática mirada. Era aquel un mirar, o yo así lo imaginaba, que a veces parecía querer bucear en mis más recónditos pensamientos, inquietudes y sinsabores, como si, a su manera, él buscara guiarme bajo el sendero por él mismo hallado quien sabe cuándo, cómo y dónde.
Aquel buen hombre parecía querer decirme:
-¿Y tu, sabiendo lo que sabes, qué es lo que vas a hacer ahora?...
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Porque esa parecía ser la pregunta que sobrevolaba las particulares Estancias de aquel lugar.
¿Qué hacer con lo que ya disponemos, con lo que ya tenemos…en esta oportunidad única e irrepetible como tal, que es y ofrece la misma Vida?
Y no era tanto la actitud de aquel mago en cuestión la que reclamó más mi atención. Ni tan siquiera su convencimiento en la valía de la misma, tanto como, a decir verdad, el propio fruto por él y los demás allí ganado al tiempo presente.
Y cuyo solo ejemplo era todo aquello que allí se dejaba respirar.
Aquello mismo que -luego pude ver y comprobar- intentaba aflorar por doquier prácticamente en todas las gentes que no dejaban de acudir vez tras vez.
Pues, así las cosas, y sacudiéndome los parcos galones que ocasionalmente pudiera tenerme ganados yo también al tiempo, a decir verdad, si me había hecho aparecer por esta encrucijada, no era quizás, sino para al menos intentar reconocer en qué diantres me estaba equivocando.
¿Podría por fin averiguarlo?
No obstante, he de reconocer que más pronto que tarde, los cantos de hadas del lugar que pronto hicieron acto de presencia, no ayudaron en principio a concentrar toda la atención en el ser interior…
O ¿Acaso hubiera podido uno, ante lo poco a poco allí presenciado, ceñirse a proponerse todo lo contrario, gracias precisamente a ello; o quería decir...a ella...?
Pero lo cierto es que, aunque pronto, sin quererlo ni beberlo, me fui dejando embelesar por los acontecimientos que sobrevinieron, lo cierto es que no podía permitirme el menor dispendio por aquel entonces, así que dejé que el tiempo tejiera su labor y me hiciera renegar de esa clase de felicidades...
Por otra parte, y como allí podía atestiguarse, mi compasión de doble filo por la llamada Humanidad, me había costado cara hasta entonces, pero…;
¿Aprendería en este entorno a sublimar, e incluso si cabe domeñar esta piedad peligrosa y poder al menos en la intención seguir haciéndola fructificar, con la ayuda de todos aquellos peregrinos con tantas experiencias y bregares como todos los que por los parajes y dependencias cercanas a Floralia allí se concitaban?
Vapuleado por los gajes del oficio del irredento acuariano que esencialmente se suponía yo era… o al menos era donde me encontraba, y que a su vez me habían otorgado los hados planetarios, aún no podía ni imaginar acaso de mí y de todos los demás congéneres de esta odisea, qué es lo buscaban las recónditas Leyes del Universo.
En otro orden de historias pues, lo que pronto comenzó a extrañarme en este cruce de caminos residía en que, quien sabe si en virtud de este mismo oficio, los allí presentes, con el mago a la cabeza subiendo las escalinatas hacia otra de las estancias de aquel espacio, los protectores del lugar osaban disponer de conferencias gratuitas todos los Viernes de temporada.
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Era como si, velada tras velada, la misma Alejandría allí guarecida se hiciera ahora palabra viva, acercándose a todos los allí presentes desde la introducción a los más dispares temas de su mismo escogido Arco iris…: Esoterismo, Alimentación y Salud Natural, Autoayuda, Espiritualidad, anunciábanse como ciertos remedios….
Con ellas, comparecían como por sortilegio tantas otras materias, desfilando en juglar caravana, saberes a los que en aquel tiempo podía asistirse semana tras semana. Conocimientos que, de tantos y tan indescriptibles en su diversidad, yo no podría relatar aquí.
Gentes venidas de distintas tierras y vivencias se arrejuntaban pues al calor del invitado y el respeto y la voluntad de comprensión allí seguían permaneciendo.
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Pero no contentos con lo conseguido, el santuario se reinventaba a si mismo en el Laboratorio de aquella segunda planta, abriendo espacio a exposiciones de pintura incluidas, donde remansarse ya no sólo con las Ciencias sino también con las mismas Artes.
¿Quién decía que no cabía alojar varios mundos en un espacio tan pequeño?
De vez en cuando, incluso se habían glosado hasta excursiones más allá de las dependencias de aquel humilde -llegué a llamarle- palacio de Floralia.
Pero entusiásticas y tan parsimoniosas como contagiosas actividades de siembra, no habían hecho sino comenzar.
Porque a los talleres de iniciación de señalados Sábados allí concitados, a los encuentros para la práctica de milenarios Yogas y Taichis, a libre albedrío, discreción y necesidad; a la ofrecida lectura de cartomantes y sacerdotisas llenas de cariño, para mostrarte el oráculo a seguir o en el que meditar, ahora también, generosos Druidas del pasado acompañados de experimentadas astrólogas de fábula, hacianse un hueco en sus vidas (y en las tuyas…) para ofrecerte su entender en aquella misma búsqueda de conocimiento.
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Y sin apenas respiro, chamanes de otras vidas regresados de nuevo al mundo de los llamados vivos, nos ofrecían sus inmemoriales conocimientos desde el mismo Arte de Vivir…
Y también, el de la misma Ciencia de Vivir… en el Aquí y el Ahora que en las posteriores veladas allí nos fueron concitando...
Verdades a compartir en las reuniones de caleidoscopio y casi de Tabla Redonda, de confluencias de planetas como en un retablo de Astrología…:
Acuarios y Capricornios, Piscis, Aries, Libras, Virgos y Cánceres…; Escorpios, Leos, Tauros, Géminis y Sagitarios; signos y designios allí todos representados y conjugados con sus diversos mundos y constelaciones a las casacas, se fraguaban al silencio de sus meditaciones mientras el gorjeo y aleteo del fuerte pico de un Martín pescador y de un reposado, filosófico y meditabundo Búho nocturno, ululando cierto recogimiento, sobrevolaban el cielo de estos bosques de meditación.
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Y lo hacían aleteando en aquellos parajes de reflexión… mientras, las lecturas sobre la Memoria del Ayer y la Esperanza en el Mañana crepitaban en las fraternas reuniones al fulgor de un Ahora desde donde no dejar nunca de intentar enhebrarlas, como quien teje el tiempo en la eternidad de los días.
Y era allí también donde en la matraz y en la matriz del casi increíble lugar, y también como con los libros allí custodiados de las inclemencias del exterior, las otras nobles preciadas sanadoras del alma y de las emociones, se hacían un hueco en sus devenires para también intentar ayudar sin pedir nada a cambio.
Si acaso un Gracias, amigas, por vuestros cuidados… ?
Y con ellas, El vigoroso Rocio de la mañana, pleno y siempre atento de conocer toda clase de remedios y soluciones para la mejora de los males del cuerpo y quien sabe si del ser que lo hospedara, daba paso al nuevo día a la Clara luz del amanecer de este y de otras tierras aun por desvelarse…
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Desvelarse allá donde las esencias florales sanadoras de las emociones, me hacían recordar de nuevo la luz del Sol y la fragancia a Rosas de otros Mundos…
Porque fue por aquel entonces, cuando Ella, una enigmática mujer de piel blanca y de edad y encanto natural e inevitable, comenzó a aparecerse por aquellos tiempos con su inextricable aureola de misterio...
Con el paso de los días y de los acontecimientos, aquel indescriptible ser pronto comenzó a desprender con su presencia la melancolía y la belleza propias de una sirena desposeída en el tiempo, con aquel halo lejano a la dimensión de lo corpóreo, que parecía desvaírse en aquella mirada de perdida nostalgia de lo cercano y lo infinito.
¿Sincronicidad en el tiempo? ¿Puro hechizo de compasión y atracción venido del enigma llegado con los vientos de aquella inenarrable criatura a la que el destino poco a poco, en el transcurrir de las semanas siguientes me permitió ir descubriendo?…
Porque, de hecho, hacía ya mucho tiempo que tal vez nos conociéramos…
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Mientras la misma carta de los Enamorados yacía perdida en la inquietud de lo quien sabe si ya predestinado en aquel memorable lugar, era allí, en las estancias de Floralia donde contra viento y marea una vez más, yo también –presentí…- había elegido ya a quien disponerme a proteger, como si acaso el mismo Dios me hubiera encomendado a su amparo, cuidado y cariño…
Y quien pudiera saber, si con ello, a elegir Amar para mis adentros…
Mientras mi rebeldía natural a buena parte de todo lo por aquel entonces manifestado se dejaba invocar al fuego de mi criterio y sentir; y con ello, mi resistencia a creer en las insignes leyes de causa y efecto venidas de la Casualidad o de la misma Causalidad incluso, (¿o acaso de una danza acompañada de ambas -quien lo dijera?…-) se dejaban confluir por aquellos días, lo valioso parecía residir en el deseo de ser artífices y partícipes de la voluntad esta vez de conocer, aceptar y apreciar otras formas de comprender y de compartir no sólo lo igual sino también lo diferente.
Y de intentar descubrirlo como otro campo de trabajo donde proseguir mi cabalgar solo o tal vez acompañado… pero tal vez siempre libre como el Viento...
Sí. Desde las sombrías nubes del poblado que lo abrigaba, aquel extraordinario lugar llamado Floralia, se antojaba un buen lugar, un lugar quizás idóneo desde donde ejercer la voluntad de atisbar el renacer de un Mundo Mejor.
Un lugar donde intentar renacer de las cenizas a las que las huestes de ese mismo Destino, aún desconocido, nos hicieron arribar a sus Costas como tripulantes de viejas goletas ya estrelladas.
Allí mismo donde, como esa flor de tantos pétalos guarecidos que allí se fue entreabriendo bajo mis ojos, observaba callada en el silencio de sus noches de desvelos y estíos de infancia y juventud, aún reflejando en el titilar de sus ojos de mirares agotados e inmortales la añoranza en el devenir de un reencuentro más allá del tiempo que nos vio nacer…
Esperar con quietud de cuerpo y de espíritu la llegada de un Amor quien sabe si ya imperecedero...
Desde Floralia, con Afecto a todas sus criaturas.
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Escrito sobre el viento por el polandés errante en las coordenadas del tiempo y presta a vuestra lectura en la, ¡Oh, Cielos, se me olvidaba! maravillosa página “Web” de la misma cómo no, Floralia…
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Un lugar, como en los cuentos de hadas, increíble pero cierto, y donde los sueños, de ver crecer una Humanidad digna de merecer tal nombre quien sabe si podrán llegar a hacerse realidad…
Algún día...
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Pedro Bárcena.
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Cuentos y Relatos
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