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 | Sir Gawain y el caballero verde |
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Nos encontramos en los tiempos del Rey Arturo, con su corte, su tabla redonda y sus caballeros, todos ellos entremezclados entre la realidad y la leyenda.
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La historia nos relata una aventura de Sir Gawain, el caballero más apuesto, valiente y audaz de toda la tabla.
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El autobús posó en un pequeño apeadero, de una pequeña aldea, escondida en lo más intrincado del bosque. Estoy cansado, me encamino hacia la única posada, como un poco y me acuesto con idea de levantarme temprano, para dar un amplio paseo por toda la comarca.
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La amanecida fue lenta y brumosa; me visto adecuadamente, con bastante ropa de abrigo; después de un frugal desayuno me dispongo, con mi cámara fotográfica al hombro, a realizar mi trabajo, que consiste en sacar buenas fotos, que se unirán después a buenos reportajes.
Comienzo a alejarme de la pequeña aldea...Un sonido, como un tintinear de campanillas atrajo mi atención.
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Comienzo a alejarme de la pequeña aldea...Un sonido, como un tintinear de campanillas atrajo mi atención.
Me acerqué y vi con gran asombro un jinete montando un brioso corcel, ataviado con armadura, ropa, espada y lanza.
Me escondo entre la maleza y espero que pase junto a mí.
Mi cámara fotográfica comienza a disparar. El caballero con orgullosa planta enfila un estrecho camino por el que apenas pasan jinete y corcel. Corro con todas mis fuerzas detrás de él, le sigo...
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En el suntuoso castillo, donde más parecía que no se dedicaban a otra cosa que a comer, un criado, un poco asustado, me trajo ropa, me las puse y me senté a la mesa, cerca del rey...
El caballero verde me desafió delante de todos, acepté y di mi palabra de caballero; el reto era justamente para dentro de un año.
Mientras transcurrió, asistí a festejos, cacerías de gamos, jabalíes y zorros, como si quisiéramos cazar la dulzura, el temperamento y la inteligencia.
Llegó la hora del desafío.
Después de un año, después de comidas, bailes y cacerías, me dirigí hacia la morada del caballero verde...
Me estaba esperando, encima de su corcel y dentro de su armadura; combatimos. En el punto más álgido del combate, desapareció.
Me quedo sólo con mi caballo, lanza y espada, no está; casi exhausto, monto en mi corcel y vuelvo hacia el castillo. En el camino de vuelta, todas las gentes salen a mi encuentro, me gritan y vitorean, como al más valiente, como al mejor.
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Llaman a la puerta, me despierto un poco sobresaltado, me visto, con bastante ropa de abrigo.
Mientras estoy esperando el autobús, oigo comentar que por aquellas tierras, en otros tiempos, vivían y luchaban los caballeros de la tabla redonda.
Vivían y luchaban las fuerzas mágicas. Vivía un gran Rey, con un gran mago, y esa magia, todavía, en estos tiempos, está viva y se convierte en árboles, en bosques, en casas y, en muchos casos, en algún autobús.
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Miguel Marín.
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Rayo de Luz "Muray, el príncipe bueno"
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