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Y las piedras hablaron (III)

 

En mis primeros años de vida algo que me impresionó de forma terrible fueron las creencias sobre la otra vida y los métodos usados para un nuevo retorno.

El pueblo egipcio creía en la inmortalidad del espíritu, por lo tanto al morir el cuerpo el espíritu comparecía ante el tribunal de Osiris para ser juzgado, los familiares y amigos ayudaban al difunto sirviéndoles de guía leyendo en alta voz el Libro de los Muertos. Pasado el tiempo para su meditación sobre sus actos en la tierra, aprendía lo necesario para su retorno. Mi pueblo creía que el espíritu volvería a reencarnar en el mismo cuerpo de su vida anterior, de ahí que momificando el cadáver intentaran conservarlo en buen estado para que el espíritu no tuviese problemas en su vuelta.

Como esta creencia difería bastante entre sacerdotes y médicos, tramaron algo (siempre con la autorización del dios viviente y de los ancianos sabios), que consistía en hacer una estatua en el sarcófago exacta al muerto, o bien para más seguridad, hacer dos, una en el sarcófago y otra de pie, grande y majestuosa para que el espíritu escogiera la que creyese más adecuada.
 



También al principio hubo diferencias de opinión sobre si sacar las vísceras o dejarlas en el cadáver, y aunque los hombres de ciencia se negaban, los sacerdotes quisieron probar si por algo milagroso y mágico, el cuerpo se podía mantener intacto.

Fue un fracaso total y el cuerpo del experimento entró en estado de putrefacción en el tiempo advertido por los cirujanos. Empezaron los ensayos para momificar los cadáveres sin vísceras, muchos cuerpos sin vida he visto sobre la gran mesa de mármol, siendo estos casi descuartizados en un principio y causándome una sensación desagradable, pero no podía dejar de mirar, mis ojos estaban en todas partes, en mis altas piedras, en los laterales, y fuese la que fuese la posición de los médicos, mi mirada alcanzaba a ver con claridad la difícil e increíble operación.

No sé si todo esto será de interés para el mundo, pero sé que alguien, en algún lugar de la tierra, aprovechará esta información para enriquecer sus conocimientos sobre nuestra forma de vida. Lo que voy a explicar a continuación puede parecer desagradable para el cruel y salvaje mundo civilizado, pero era una operación perfecta y llena de amor y esperanza para el muerto, dada las creencias espirituales de mí pueblo.

El ritual comenzaba con unas oraciones a los dioses para que ayudasen en la realización del trabajo y sólo los más sabios hombres de ciencias tenían acceso a la cámara donde se realizaba.
 



El primer paso consistía en extraer el cerebro y con sumo cuidado y una gran paciencia y pericia introducían un hierro curvo por las narices metiendo también unas drogas en la cabeza. Rápidamente con una piedra especial y muy cortante traída de Etiopía, realizaban un corte en el costado del cadáver y sacaban todos los intestinos, limpiándolos y purificándolos con vino de palmera datilera, volviendo a continuación a purificar con hierbas aromáticas en forma de pulverización.

El vientre era llenado de mirra pura, canela y otras hierbas aromáticas, pasando después al cosido de los tejidos abiertos. Una vez terminada la difícil operación, pasaban a salar el cuerpo siendo éste cubierto con carbonato de sodio durante setenta días.

Al finalizar este tiempo, lavaban al muerto, envolviendo el cuerpo con bandas de tela de hilo fino untadas con una capa de goma conocida por el pueblo egipcio que usaban corrientemente en lugar de cola. Por fin, terminado el trabajo, daban gracias a los dioses e introducían el cadáver en el sarcófago, rodeado de alimentos y riquezas para que al retornar el espíritu no le faltase de nada de lo necesario en la vida terrenal, sellando la tumba para que nadie enturbiara el descanso del difunto.
 

Toda esta labor maravillosa y perfecta, ha sido violada, destrozada y mancillada por la llamada civilización, aunque en muchos de estos casos, debido a las campanas energéticas, creadas en estos lugares, fuesen mortales para los profanadores.
 



También quisiera aprovechar mi relato para expresar mi admiración hacia los adelantos astronómicos del pueblo egipcio.

Los hombres dedicados al estudio de las estrellas, llegaron a descubrir planetas y estrellas desconocidas hasta entonces y se guiaron por ellas para inventar el calendario que serviría de base después a los romanos para idear el que hoy día sigue la humanidad.
El reloj de sol salió de sus mentes estudiosas y privilegiadas al igual que el de agua. En medicina, grandes adelantos fueron hechos por mi pueblo, consiguiendo operaciones complicadas y con gran éxito que aún hoy en día son vetadas para el hombre actual. El corazón, por ejemplo, era familiar para ellos, como motor del cuerpo e impulsor de la sangre, consiguiendo el trasplante de este órgano con gran éxito.
 



Me gustaría dejar claro en mi relato, que la idea del retorno del espíritu a una nueva vida influyó de forma determinante en el avance cultural y religioso de mi pueblo ya que por ejemplo para el arte fue lo que dio origen a la creación de los templos, auténticas moradas de los dioses, o la construcción de las tumbas o moradas del espíritu, aunque todo esto dejara grabada la impresión para las civilizaciones posteriores del poder del faraón y de los señores feudales, queriendo aclarar que sin este régimen social nada de todas estas riquezas y adelantos se hubiesen conseguido.

Todo lo que creaban o los materiales utilizados tenían un sentido, nunca siendo éste banal, por el contrario su estado espiritual les conducía a mirar siempre hacia lo celeste.

Por ejemplo, ¿sabéis por qué utilizaban para la construcción materiales sólidos y pesados? Así expresaban el deseo de eternidad que llevaban en su interior, las grandes proporciones de la arquitectura, el volumen y el predominio de la masa les daba impresión de reposo, estabilidad y equilibrio, reflejo todo ello de lo que mi pueblo aspiraba.
 



Con ello dieron al mundo la gran lección, que el reflejo exterior confirma el del interior, que la armonía de los actos materiales significa la paz interior del individuo.

Yo en mi humilde opinión, creo que el hombre actual, con todo el poder que cree tener en sus manos, tiene mucho que aprender de este gran pueblo.

Desde mi cuerpo de piedra, desde mi gran corazón de granito, me sentiría feliz si con este relato, ayudo a comprender el sentido de la vida.

Pues cuando el error cometido por los hombres llega a su estado máximo, el horror que viene del cielo está muy próximo.
 


Kira. 


Y las piedras hablaron (II)
Y las piedras hablaron (IV)