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 | Ave |
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Me adentre entre los árboles, entre viejos y frondosos árboles. Era el día señalado, era aquel día, y no otro, cuando podría saber por cuál de las tres bocas podía entrar, cuál de las tres bocas me llevaría a mi destino...
En la montaña, en la ladera, abajo, había tres grandes bocas, como de tres grandes dragones, como de tres grandes monstruos.
Una de ellas me llevaba a mi destino, directamente a mi destino, directamente a mí.
Allí estaban las tres, delante de mí, o yo delante de ellas, no sabía por cuál entrar.
De pronto, una hermosa ave, negra y hermosa, como una negra y hermosa noche, empezó a dar vueltas a mi alrededor, acercándoseme cada vez más, cada vez más cerca...
En un último e increíble giro se alejó y se adentró por una de las tres...
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Era la señal, mi señal, la que había estado esperando, era mi destino, aquella entrada me llevaría, después de mucho andar y andar, me llevaría ante mi destino, me llevaría ante mí.
Con paso lento y precavido comencé a adentrarme en la cueva, no había apenas luz, apenas podía ver...
De nuevo la gran ave, en la terrible oscuridad de la cueva, la vi, y ocurrió algo extraño, muy extraño, quizás irreal, sus enormes alas primero, y poco a poco todo su cuerpo, se fue convirtiendo de un negro noche en un blanco luz, tan blanco y tan luz, que alumbraba la estancia como si fuese el más claro día, como si fuese el más claro sol...
La seguí, sus alas casi rozaban las paredes de la cueva, que ahora resplandecían corno si se tratasen de pulidos espejos...
La cueva se iba estrechando cada vez más, cada vez AVE volaba con más dificultad, yo la seguía, corriendo, casi sin mirar más que al frente, casi sin mirar más que a ella.
El suelo empezó a descender vertiginosamente, en mi carrera, no me di cuenta que íbamos hacia abajo, que íbamos bajando a una velocidad de vértigo, corrí más y logré casi alcanzarla, logré casi tocar sus enormes y luminosas alas...
Una luz fuerte y dorada se acercaba hacia nosotros, a la misma velocidad que su vuelo, a la misma velocidad que mi carrera...
En ese mismo instante, me di cuenta, que el suelo se había acabado, que estaba en el aire, fuera de la cueva, a plena luz del día..
En un angustioso y supremo esfuerzo me aferré a su cola, fuertemente, pues me iba la vida en ello, remontó el vuelo, tranquila y pausadamente, conmigo agarrado a su cola...
Desde ese día, cuando vuelo con mis enormes alas desplegadas al viento, cuando vuelo en círculos, en enormes círculos, me acuerdo que una vez, me agarré a mi propio cuerpo, me aferré a mis propias alas, para poder llegar del negro al blanco, para poder llegar de la noche al día, para poder llegar de la oscuridad a la luz.
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Desde ese día, cuando vuelo con mis enormes alas desplegadas al viento, cuando vuelo en círculos, en enormes círculos, me acuerdo que una vez, me agarré a mi propio cuerpo, me aferré a mis propias alas, para poder llegar del negro al blanco, para poder llegar de la noche al día, para poder llegar de la oscuridad a la luz.
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Snowlord.
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"Muray, el príncipe bueno" Y las piedras hablaron...
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