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Nash


En la carrera siempre lo pasaban, quizás sus fuerzas no llegaban, quizás sus ganas no eran suficientes, quizás no quería ganar, no quería llegar.

Era alto, esbelto, sus cuatro patas largas y delgadas, su cara afilada, su piel de un tono gris-blanco o quizás gris-negro, que con el tiempo se volvería gris-blanco y con más tiempo sólo blanco.

Vive entre montaña y valle, entre prado y ladera, entre el agua y el viento, entre la tierra y el cielo, éste es Nash.
 



Corre bien, está aprendiendo, está empezando a llegar, a querer llegar, es pequeño todavía, sus mayores le enseñan, sus mayores le corrigen en todos los errores, que son muchos, pero que cada vez, a medida que va transcurriendo el tiempo, son menos, cada vez menos.

Su familia, toda su familia, quiere que corra, que sea un gran corredor, porque cuando vengan (en el tiempo en que han cesado las lluvias, en el tiempo en que han crecido las flores), cuando vengan los otros seres, finos y altos como lanzas, que van echando humo por las cabezas, y que se cubren éstas con un gran trozo de paño, al que llaman sombrero...
 

Cuando vengan, NASH, tiene que ser el mejor, tiene que ser el primero, porque así estos otros seres, lo alimentan, lo cuidan, le dan una confortable casa y lo lavan y limpian con todo esmero...
 



Al parecer al que más corre de nosotros, en un día determinado, en que se reúnen todos alrededor de un gran círculo vallado, gritando y gritando, muy nerviosos, y muy excitados, al que más corre, al que llega el primero, le regalan flores, le dan mejor de comer, lo ponen en la mejor casa, y hasta para ir de un sitio a otro, para ir de una ciudad a otra, lo llevan en una especie de caja grande que anda, cómodamente, sin tener que andar.

Por eso NASH se prepara día y noche, noche y día para ser el mejor, para recibir todos esos cuidados, que dicen los mayores, que los otros seres otorgan.

NASH estaba metido en un cajón, con doce o trece compañeros, iguales a él, en otros tantos cajones, y un ser fino y alto como lanza subido encima de él...

Gritos, voces, nervios, el cajón se abrió, NASH sintió arder sus caderas y empezó a correr, con todas sus fuerzas, para poder llegar, para poder ganar, con todo su ímpetu.

El círculo estaba cerrado, de pronto se abrió, él siguió corriendo.
 



Lo han visto, sólo, cansado, blanco, corriendo por un prado, al lado de una ladera, en algún sitio, en algún lugar.
 
 


Y las piedras hablaron (IV)
Leyenda