Conciencia
Plantas Medicinales
Alimentación Natural
Tratamientos Naturales
Alquimia en la cocina
Terapias
"Un Tiempo para tí"
Efemérides Astrológicas
El Olvido

 

Corría, saltaba y jugaba por el monte, por la montaña, rodeada de flores, frutas y pájaros, donde antes, mucho antes, cuando estaba aquí, los pájaros le acompañaban en sus tempranos paseos, le acompañaban con su ir y venir de pueblo en pueblo, en su ir y venir de vida en vida...
Cuando la noche se cansa de ser noche y da paso al impaciente e impulsivo día, me preparo para la excursión, me preparo para el camino.
Me propuse subir hasta lo alto de la peña, de aquella enorme y misteriosa peña, que no sé por qué, perteneciendo a la naturaleza, mejor dicho, siendo parte de ella, pertenece también a mi familia.
El camino es corto desde casa a la roca. El día me coge en el andar; ando y ando y miro hacia ella, esbelta, hermosa, erguida y orgullosa de ser la más alta, la más escarpada y la más bella. Dentro de poco nos encontraremos.
Ella me espera y yo acompañada del silencio, voy hacia ella.
Comienzo a subir, por el camino de siempre, por el camino ya conocido.
El sol está alto, muy alto, apenas he subido unos metros, cuando veo delante de mí un extraño túnel negro, muy negro, que me sonríe y me invita a pasar.
En un impulso incontrolable, entro por el extraño túnel, y allí, al fondo, donde la oscuridad se confunde consigo misma, donde la oscuridad se hace noche, diviso una pequeña luz, una pequeña llama, que oscila con un parpadeo insistente, hacia arriba y hacia abajo, como sonriendo, como alegrándose de mi oscura presencia, como divirtiéndose de que yo esté allí.
Me acerco más y más, no puedo llegar hacia ella, no puedo alcanzarla, cada paso que doy, estoy un paso más lejos, voy deprisa, más aprisa, tan aprisa como cuando se va detrás de algo inalcanzable, como cuando en esta vida, se va detrás de uno mismo, como cuando se va detrás de la alegría, como cuando se va detrás de la felicidad.
No puedo más, estoy cada vez más cansada y la luz cada vez más lejos; hago un último esfuerzo y casi exhausta, veo, sorprendida, que viene hacia mí, me envuelvo en una luz blanca y amarilla, amarilla y blanca.
Gira y gira fuertemente a mi alrededor y me veo suspendida del suelo, no salgo de mi asombro, me lleva hacia fuera, hacia fuera del túnel, como suspendida en el aire, como volando.
Desde lo alto, desde mi posición, veo los pueblos, uno, dos, otro y otro más, todo el valle, el río, el puente colgante, la peña, las montañas, más montañas, más ríos y más valles.
Me alejo envuelta en la luz blanca y amarilla, en la luz amarilla y blanca.
Después de muchos, muchos años, en otro país, en un país distante y cerca del mar, cuando puedo, vuelvo, me acerco al pueblo, a los ríos, veo que todo está muerto, que todos se han ido, que todos se han ido para dar paso al agua, al agua que inunda los pueblos, al agua que inunda a las gentes, al agua que inunda a los recuerdos.
La noche se disipa, poco a poco, dando paso a un nuevo día, estoy contenta, voy a ir de excursión, voy a subir a la más alta, más escarpada y más bella peña.
 
 
Agatha. 


El Triple Filtro
Nosombal