Plantas Medicinales
Alimentación Natural
Tratamientos Naturales
Alquimia en la cocina
Nuestro Organismo; Una planta maravillosa
Masaje en los bebés.
Expulsar El Miedo
San Miguel
Mandar ó Demandar
La Voluntad
Los Talismanes de Nueva Vibración
"Un Tiempo para tí"
DŽkhiala, Energía hacia la Luz
Rebirthing
Valor Terapeútico de las Lámparas de Cristal
Consentido con Sentido
Sabiduría.
Floreces como un Buda
Osa mayor número de veces
Alegrar la vida no arreglar la vida
Tapping
Prácticas de yoga avanzadas.
Tao te kin de Rioseco
La Inteligencia Perfecta
Efemérides Astrológicas
Orlán

 
Paseamos por la ciudad, entre las gentes y las máquinas, entre el aire y el frío, entre una mañana triste de un triste otoño. Caminamos dentro de nuestra conversación, dentro de nuestro mundo, envueltos por un halo misterioso que nos llevaba de un sitio a otro, sin saber bien hacia dónde.
Al cruzar un amplio y gris río, nos encontramos con una empinada escalera que no había visto nunca antes; subimos bastante apretados por ser muy estrecha. Arriba, al final, una gran portada de un gran libro, nos brindaba alegremente que pasásemos a su interior, a su mundo de papel, letras y números, a ese extraño mundo de las letras, que hay que saber unir para poder decir, de esas letras que sueltas y una a una no saben qué hacer, y que si alguna vez un hombre consigue agruparlas, dirigirlas y encaminarlas debidamente ,dirán las más grandes y maravillosas palabras que jamás se hubiese podido imaginar.
 
 
Miguel Marín. 


Entramos sigilosamente y un poco extrañados por haber podido penetrar dentro de un libro.
Orlán era mucho más intrépido que yo, corría delante de mí, saltando y brincando por entre las letras. De pronto, se detuvo bruscamente. Un gran punto negro y redondo le impedía el paso. Cuando llegué a su altura, empujamos con todas nuestras fuerzas la gran esfera negra y redonda, que cayó desde donde nos encontrábamos hacia el renglón de abajo, encima de unas cuantas letras; botó y rebotó, una y otra vez, al mismo tiempo, destruía letras, comas, puntos y números, dejándolo todo arrasado. Al ver toda esta destrucción, llenos de miedo, corrimos hacia atrás, para tratar de encontrar la puerta de entrada, para tratar de encontrar la salida, para salir de aquel enorme y extraño libro que, aún estando dentro de él, nos era imposible leer.
Orlán como siempre iba delante, yo le seguía a escasa distancia; en mi carrera, miré hacia atrás y vi, lleno de estupor, como la esfera destructora venía detrás de nosotros, nos perseguía.
 


Avisé a Orlán, que se volvió repentinamente, en esemomento estábamos pasando por encima de una gran «i», nos deslizamos sin querer por su interior, rápidamente, hacia abajo; una vez abajo, miramos tímidamente hacia arriba y vimos cómo el punto se había quedado encima de la «i» , había quedado atrapado para siempre encima de aquella alta y estilizada letra.
Casi a rastras y arañando continuamente las paredes de la letra en la que estamos, conseguimos al fin, no sé en cuánto tiempo, quizá en unos días o quizá en unos siglos, romper un trozo de papel, un trozo de una hoja, un trozo de nuestro extraño libro.
 


Orlán como siempre iba delante, yo le seguía a escasa distancia; en mi carrera, miré hacia atrás y vi, lleno de estupor, como la esfera destructora venía detrás de nosotros, nos perseguía. Avisé a Orlán, que se volvió repentinamente, en esemomento estábamos pasando por encima de una gran «i», nos deslizamos sin querer por su interior, rápidamente, hacia abajo; una vez abajo, miramos tímidamente hacia arriba y vimos cómo el punto se había quedado encima de la «i» , había quedado atrapado para siempre encima de aquella alta y estilizada letra.

Casi a rastras y arañando continuamente las paredes de la letra en la que estamos, conseguimos al fin, no sé en cuánto tiempo, quizá en unos días o quizá en unos siglos, romper un trozo de papel, un trozo de una hoja, un trozo de nuestro extraño libro.
 


 
La grisácea luz de la mañana, de una mañana triste, de un triste otoño, nos inundó el rostro. Estamos terminando de cruzar el puente. Orlán, con su barba blanca y su bondadosa y sincera sonrisa, me miraba entusiasmado, él es escritor, desde hace mucho, muchísimo tiempo, desde siempre, el libro en el que habíamos vivido juntos, lo había escrito él, en otro tiempo, en otro momento, en otra vida.

Únicamente se puede ser escritor, si se vive eternamente dentro de un libro. Orlán, no solamente vive dentro, sin que además invita a todos los hombres a compartir su vivienda.

La hermosa bondad que posee y que hace salir al exterior, lo ha convertido en un hombre.
Paseamos por la ciudad, entre las gentes y las máquinas, entre el aire y el frío...
 


El Español
Borigor