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Arreglar la vida

 
¡Si es que nos liamos! Al final puede que sea un problema fonético fatal de funestas consecuencias. Se parece todo tanto...

Nos pasamos la vida intentando arreglar la vida de los demás y a veces, ni siquiera sólo a los que se dejan, sino a todo dios.

Creo que hay múltiples motivos por lo que esta forma de comportamiento se perpetúa. Yo te voy a contar unos cuantos por si pillas alguno o por si te pillas cometiendo alguno. La idea es darnos cuenta de cómo funcionamos por si hubiera la posibilidad de mejorarlo, aunque soy consciente de que hay casos que rayan la perfección y que por lo tanto es mejor no tocarlo.

Sin duda hay personas de buena fe que realmente pretenden ayudar a los demás, porque lo sienten así. Gente que actúa de forma sana y que dar es su manera natural de vivir. Que perciben lo que sucede a su alrededor y son capaces de sentir empatía por los demás: pueden comprender lo que sienten y ponerse en su lugar.

Capaces de funcionar según el proverbio de los indios norteamericano que dice:

“No juzgues a nadie hasta haber caminado tres lunas en sus mocasines”
 



Gente que merece la pena encontrar y disfrutar en tu camino porque además de lo anterior tienen una característica que los distingue del resto: no obligan a nadie a vivir según sus propias creencias, son capaces de respetar a los demás sin pretender obligarlos a cambiar. Simplemente les gusta tener a sus alrededor gente que disfruta de la vida.

Es cierto que no abundan demasiado pero ya sabes que cuando quieras encontrar algo en tu vida, te puedes ocupar de sembrarlo. Cuando quieras que existan formas de vida concreta, te puedes ocupar de invocarlas y, en caso de que eso no funcione, también puedes comportarte tú de esa manera. De hecho, ésta es la forma más eficaz que yo conozco de conseguirlo.

Ten siempre en cuenta las otras motivaciones que puede haber para dedicarse “a arreglar” la vida a los demás, para no caer en ellas.
 



Por un lado hay gente que al no tener vida propia necesita desesperadamente vivir la de los demás. Sólo así logro entender que proliferen tanto en televisión los programas llamados “rosa” (por cierto no sé quién odia tanto ese color para utilizarlo para designar algo tan rastrero). Cuando alguien tiene su vida vacía necesita llenarla de lo que sea, y sin duda la vida de los demás les sirve para ello. Hay diferentes niveles, desde los que se conforman con enterarse de la vida (real o no) de los demás, hasta los que necesitan manipular a su antojo a los que tienen a su alrededor como si fueran sus marionetas.

Estos pueden vivir su vida como proyección de la de los demás. Se alegran con las alegrías de gente a la que no conocen, se entristecen con sus penas y presumen de sus logros como si fueran propios. Acaban adorando a la gente a la que ni conocen ni probablemente conocerán nunca, pero que a pesar de eso son una parte importantísima de su vida. La cantidad de “ídolos” que tiene la gente hoy es inmensa, parece que en su vida no tiene amigos (o enemigos) de verdad y tiene que crearse otros en su mente acercando hasta su vida personajes ajenos.
 



Claro que hay dos tipos de proyección: hacia dentro como es el caso, o hacia fuera. Esta última la padecen las madres (quizá algún padre) que proyectan sobre sus hijos sus propias ansias, sus miedos, sus intereses, etc. Al no haber desarrollado en su vida ciertos aspectos se empeñan en que los vivencien sus hijos. Sin duda esta forma es peor porque acabas siendo una infección en la vida de los demás. Nadie duda que puede estar motivada por amor, pero desarrollado de una forma totalmente negativa para el crecimiento de los otros.

Ni eres adivino ni quizá a ti te hayan salido bien el 101% de las cosas, por lo que la manía esa de decir “eso lo hago por tu bien”, o “yo sé muy bien lo que te conviene”, o “haz caso a los que saben”, no es más que una forma estúpida de pretender perpetuar tus errores. Si de verdad quieres a tus hijos déjalos crecer. No estamos en la temporada de hacer bonsáis humanos; de verdad, ahora se dan fatal.

Hay gente que simplemente se comporta así porque es como ha sido tratado toda la vida y cree que no hay otra forma posible de comportamiento. Todos nos desarrollamos según lo que hemos recibido. Por eso es tan importante seguir aprendiendo siempre, para poder seguir creciendo libremente como personas. Pero hacerlo de una forma libre, o sea, con opciones. Si te comportas de la única manera que sabes, no eres libre. Para poder escoger es necesario tener al menos dos opciones. Si lo que estás haciendo no es lo mejor ni para ti ni para los demás, deja de hacerlo y comienza a comportarte de otra forma.

Es realmente complicado ayudar a los demás, pero lo que es arreglarles la vida ¡ya es la leche! Por si te empeñas en seguir tu labor de mesías a toda costa y a jornada completa, me permito el lujo de recordarte que hay dos formas de ayudar a los demás: una de ellas es útil, la otra es la más utilizada.

La habitual es: te ofrezco mi ayuda ahora que yo estoy fuerte y que tengo tiempo y ganas, pero tiene como condición que tienes que aceptar lo que te diga como verdad indiscutible, ni siquiera es opinable. Tienes que resolver tus problemas utilizando las soluciones que a mí se me ocurran y además aplicarlas en el momento que yo decida que lo hagas, no más tarde. En caso de que no sea así, quedará perfectamente claro que no merece la pena perder el tiempo contigo, porque en realidad no tienes la más mínima intención de mejorar. ¿Te suena a majadería conocida?

La otra forma es menos utilizada pero tiene la indiscutible ventaja de que es útil y realmente sirve para ayudar (lo de arreglar sigue siendo muy fuerte). Consiste en decir y vivir lo siguiente: comprendo que quizá ahora no sea el mejor momento para remontar la situación, quizá no tengas la fuerza suficiente, lo comprendo porque a veces también a mí me pasa. Por eso quiero que sepas que puedes contar conmigo cuando realmente lo necesites. Mientras tanto, no malgastaré mis energías en enfadarme contigo, ni agotaré mis fuerzas en intentar obligarte. Simplemente, resistiré hasta el momento en que estés en condiciones de aceptar ayuda. En ese momento haré lo que tú necesites, aunque quizá no sea lo que yo opine. Hasta entonces simplemente te haré compañía y conseguiré que sientas que no estás sólo, que me tienes a tu lado dispuesto a ayudarte para que vuelvas a quererte, a levantarte de nuevo ya que vuelvas a confiar en ti.

Escoge la forma que quieras, eres libre de hacerlo; simplemente recuerda que cuando amas mucho puede ocurrir la liberación. La tuya. La de los demás.

Aunque realmente sea por su bien, si llevas a alguien de la oreja a un curso, se la dejas marcada y ya no oye igual. Ni los pasteles saben igual a la fuerza, que ofrecidos con cariño.

Alegrar la vida es más fácil, más sencillo y, sobre todo, más eficaz. Se trata de ofrecer a los demás las cosas bellas de la vida, de compartir con ellos la alegría, de disfrutar todos juntos. De formar parte de una cadena de sonrisas que recorra toda la humanidad.

Una vez leí una frase que decía:

“Si ves a alguien sin sonrisa, dale una de las tuyas”


 
Luis Serrano. (Artículo extraído del Cuaderno de Campo "Liberación" Santander 2007)