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 | Osa mayor número de veces |
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Y tú ¿qué clase de animal eres? ¿De los que tienen la fuerza y la constancia de perseguir sus objetivos, o de los que se cansan enseguida y lo dejan todo a medias? Para evitar suspicacias de tipos picajosos creo conveniente aclarar que me refiero a la pregunta esa de: “Si fueras un animal ¿cuál serías?”.
Yo hago distinción entre dos tipos de fuerza: por un lado, la instantánea y explosiva que tiene una gran intensidad en un periodo corto de tiempo y otra que es menos espectacular pero resiste bien el paso del tiempo. Se puede mantener constante, no desaparece en un instante sino que perdura un periodo de tiempo más o menos largo. Las dos son, lógicamente, buenas pero al ser distintas, también son adecuadas para momentos diferentes. El problema puede ser que solemos utilizar sólo una de ellas; o nos va bien una o la otra, pero no siempre conseguimos un cierto equilibrio entre ellas.
Y repito que al ser buenas las dos, sería conveniente que fuéramos capaces de utilizar en cada momento la que creamos más adecuada.
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Es obvio que en la actual propuesta de “perseguir tus ilusiones hasta alcanzarlas” la segunda forma de fuerza es más útil y por lo tanto debes descubrir qué tal te manejas con ella. Si descubres que lo haces bien, estupendo; en caso contario deberías empezar a buscar una forma de mejorarlo.
Debes tener en cuenta la importancia que tiene en nuestras vidas la inercia. Una cosa, situación o vivencia que no arranca, cada vez la cuesta más. Parece que se ancla en el letargo y cuanto más tiempo lleve parada más difícil resulta cambiarla. Pero al contrario también sucede, algo que ya tiene vida, movimiento, es muy fácil que continúe; en ese caso, lo que puede costar es pararlo.
Te comento esto para que no te desanimes pensando que el esfuerzo necesario es demasiado grande y que encima hay que mantenerlo. En realidad lo importante es empezar, mantenerlo es mucho más fácil de conseguir.
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Debes buscar una forma de que las piezas encajen bien en tu vida lo que hará todo más fácil. Dedicar un tiempo a tus ilusiones te permite disfrutarlas y eso conlleva ser feliz, lo cual facilita el resto de las cosas.
Es ser consciente que igual que algunas estaciones encajan en otras de forma natural, así mismo podemos hacer en nuestra vida. Si te atreves a hacer cosas, algunas saldrán bien y otras deberás seguir intentándolas. Ya sabes que según mi definición de fracaso, eso sólo sucede cuando te rindes y renuncias a tus ilusiones, las cosas que salen mal son simplemente resultados desastrosos (de momento). Pero cuando te atreves a seguir intentando algo hasta que funciona, todo es genial. Te das cuenta de tu poder, de que luchar por lo que quieres facilita el resultado y, sobre todo, de que igual que has logrado ese objetivo, el resto de las cosas que te propongas en tu vida, también tienen una oportunidad.
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Enlaza de forma natural el vigor de tu primavera, tu fuerza y tu empuje con el recolectar la cosecha en verano. Con obtener los resultados que deseas, con aprender a cuidar las cosas para que florezcan, con seleccionar las mejores semillas y sobre todo con recordar que para poder recoger la cosecha es necesario sembrar.
Atrévete mayor número de veces a luchar por tus ilusiones; atrévete a hacer cosas, incluso alguna de las que te dan miedo. Osa, ten fuerza y mantenla de forma suave e intensa hasta el final, hasta tu final.
Que no hay más límites que los que tú te marques, por lo que debes ser cuidadoso, no miedoso. Que puedes crecer hasta el cielo y formar parte de él. Cárgate de la energía de las estrellas porque cuando eres consciente, te das cuenta de que todo lo que hay a tu alrededor te puede servir para ser feliz si tú decides utilizarlo para ello. Utiliza su luz para ver las cosas mejor y más claras, increíblemente adornadas y decoradas de una forma extraordinariamente bella.
Eleva la vista para ampliar tu perspectiva y disfruta de otra osa mayor, un cazo con el que coger todo lo bueno que llega a tu vida, ponerlo a cocinar a fuego lento, saborearlo después y finalmente atreverte a ponerlo bien alto para que sirva de referencia y estímulo al resto. Lo que una persona ha conseguido, lo podemos conseguir todos los demás, si nos enseñan cómo. Bueno, todos igual no, ya me he pasado, pero los que creen que sí, tienen alguna posibilidad más de conseguirlo.
Al fin y al cabo, puedes prestar atención a tus limitaciones o a tus posibilidades, tú escoges. Pero ten en cuenta que lo que siembras y cómo lo cuides, tiene relación con lo que puedas cosechar. Por lo tanto te propongo que hagas una relación de los recursos que tienes a tu alcance para facilitarte tu objetivo, para atreverte a vivir y disfrutar, o sea para osar ser más feliz gozando con tus ilusiones.
Siempre he pensado que todos tenemos más recursos de los que creemos disponer. Nos suele parecer que necesitamos más de todo, o quizá es una buena excusa para no empezar porque “todavía no tengo todo lo suficiente”, o “no sé todo lo que necesito saber” o, si es tu caso, mira a ver cuál utilizas tú.
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Lánzate de cabeza a hacer una lista con los recursos que SÍ tienes. No lo pienses mucho porque darle muchas vueltas sólo nos marea. Empieza por los recursos externos de los que te puedes ayudar.
Algunos puede que ya los tengas, otros necesitas conseguirlos o repasarlos o reciclarlos, pero lo que es seguro que tienes que hacer, es utilizarlos.
Por ejemplo, recursos externos:
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personas que te pueden ayudar en algún punto concreto,
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instituciones a las que pedir ayuda o subvenciones, etc.,
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información que necesitas para llevar a cabo el proyecto,
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cosas concretas que te vendrían bien como apoyo o refuerzo,
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cursos con los que adquirir las habilidades necesarias para llevarlo a cabo,
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tiempo, tanto para hacer los preparativos, como para trabajar en ello y, finalmente, para disfrutarlo.
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Además de ese tipo de recursos también dispones de otros que están más cerca de ti y de los que también tienes que hacer una lista.
Algunos ejemplos de recursos internos:
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inteligencia, eres lo suficientemente inteligente para conseguirlo,
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coraje para decidirte de una vez a luchar por lo que realmente quieres en tu vida,
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perseverancia para mantener viva tu ilusión el tiempo que sea necesario,
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memoria para recordar que otros objetivos que te marcaste, ya son una realidad en tu vida.
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Y todas las demás cosas que tienes en tu interior y que a veces no utilizas lo suficiente.
También puedes hacer una lista de cosas que te hacen ilusión pero todavía no has hecho. Puede ser en los dos sentidos: cosas que todavía no te han salido bien y otras cosas nuevas.
¿Te atreves a cumplir, satisfacer, colaborar con las ilusiones de alguien a quien quieres? Si eso genera en ti satisfacción, también puede estar bien.
Finalmente, ¿cuál es tu mayor ilusión? Quizá sea necesario priorizar, quizá haya que pagar un precio, pero en cualquier caso ¿acaso no merece la pena? Pues eso.
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Luis Serrano. Extraído del cuaderno de campo "Ilusiones". Santander 2009.
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