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 | Consentido con Sentido |
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Y, si tiene sentido, es lógico consentirlo: lo grave es todo lo que mantenemos consentido sin sentido en nuestra vida. Quizá lo importante sea aprender a diferenciar entre lo uno y lo otro.
Darnos cuenta de que ciertamente no siempre somos absolutamente libres, ya que incluso algunas de nuestras propias creencias nos limitan o nos condicionan nuestro comportamiento. En cualquier caso, siempre he creído que en cada instante somos libres de escoger y que, lo reconozcamos o no, lo hacemos todos.
Es cierto que siempre es fácil y que incluso a veces es doloroso. Como dice la frase de Maurice Maeterlinck: “A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino sólo entre las lágrimas, y entonces hay que saber decidirse por las más hermosas”
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Lo cierto es que para ser libre tienes que tener al menos dos opciones. Con una sola no puedes escoger, te lo han dado ya pensado. Algunas veces es muy fácil, una de las opciones te gusta y la otra no, pero la vida no siempre es tan simple. Lo más habitual es que tomar decisiones comporte un cierto grado de dificultad y desde luego nunca falta la duda de si acertarás o no.
La cuestión suele ser decidirse por lo que más nos guste o, si eso no ocurre con ninguna opción, por la que menos daño nos haga.
Hasta aquí parece fácil, ¿por qué entonces con tanta frecuencia no estamos a gusto con nosotros mismos y está motivado por nuestras decisiones? ¿Qué es lo que podríamos aprender para mejorar? Yo creo que para hacerlo mejor tenemos que liarlo aún más, o dicho de otra forma, tenemos que tener en cuenta alguna cuestión más.
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Creo que es necesario saber qué cosas tienen sentido en tu vida. Cuáles son las útiles aunque, a veces, te puedan resultar una carga o un coñazo tener que llevarlas encima.
Poder distinguirlas de las que no tienen ningún sentido, las pintes de los colorines que las pintes, porque eso va a facilitarte su manejo. Es necesario distinguirlas para no caer en el error de mantenerlas todas pensando que si están ahí, será por algo. Efectivamente, suele ser por algo, pero quizá no te guste tener que reconocer por qué.
Qué cosas tienen sentido en tu vida y cuáles no; las que consientes y es adecuado que sea así y las que deberías tener en cuenta para tirar de una vez de la cadena. Ya he dicho en otras ocasiones que sé que a veces cuantas más pistas des, más despistas, pero a pesar de ello me voy a arriesgar a ponerte unos ejemplos para intentar clarificarlo un poco más.
De las cosas que consentimos a pesar de no apetecernos, unas están bien y otras no. Te propongo una forma sencilla de diferenciarlas: imagina que estás cómodamente en tu casa y un amigo te llama y te pide salir a contarte unas cosas. A ti no te apetece nada, pero comprendes que a tu amigo le hace falta y decides salir. Para saber si lo has hecho bien o no, hay un método que te ayudará a descubrirlo: ¿después estás a gusto? Si es así lo has hecho bien. Has consentido una situación que en principio no querías pero que te ha dejado a gusto, que tiene sentido para ti y por lo tanto está bien.
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Quizá en otra ocasión quien llama es un “amigo” de esos que hace innecesaria la presencia de enemigos. Aguantar en tu vida cosas así ¿te deja a gusto? Si lo consientes y después no estás satisfecho de tu actuación es que algo no está bien. Si descubres que consientes situaciones, individuos o circunstancias que no tienen ningún sentido en tu vida, ya sabes algo que tienes que cambiar. Atrévete a limpiar tu vida de más hierbas, entresacar árboles del bosque, a desinfectarte de parásitos; en fin, quererte y cuidarte un poco más. Pero eso sí, hay que hacerlo de una forma adecuada. Tenemos que tener en cuenta los tres vértices de un triángulo. Uno representa una postura pasiva, aguantarlo todo aún a pesar de generar en nosotros sentimientos negativos. Otro de agresividad que a veces genera más problemas de los que resuelve, el clásico: “apagar incendios con gasolina” y finalmente la postura más adecuada: la “asertividad”. Se define aproximadamente como “la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás”.
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Emplear la asertividad es saber pedir, saber negarse y negociar siendo flexible para conseguir lo que quieres o deseas. Tienes que respetar los derechos de los demás y atreverte a expresar tus sentimientos de una forma clara.
Como de costumbre, que sea fácil o difícil no es lo importante, lo que realmente importa es si te merece la pena el resultado. Toma la decisión que desees, pero recuerda que al final, para saber si acertaste o no, tienes que tener en cuenta la sensación que genere en ti.
Puedes hacerlo solo o buscar ayuda. Se te pueden ocurrir a ti las cosas o dejar que la inspiración te llegue por un comentario que oigas. Lo puedes hacer sin planes preestablecidos o desarrollar primero un completo plan de ataque. Lo puedes hacer como quieras, pero hazlo.
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Si lo deseas puedes hacer un recuento de cuáles son tus fuerzas, de qué herramientas te puedes servir.
En fin, de saber con qué medios técnicos y con qué medios humanos cuentas para la tarea. Aunque según como te lo tomes, igual es mejor que consideres sólo los “medios técnicos”, al fin y al cabo qué se puede esperar de los “medios humanos”.
Para alcanzar el objetivo parece absolutamente imprescindible contar con “humanos completos”.
Procura ser uno de ellos y, sobre todo, disfrútalo.
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Luis Serrano. (Artículo extraído del Cuaderno de Campo "Liberación" Santander 2007)
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