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Mandar ó Demandar

 
He aquí la cuestión. ¿Cómo comportarnos con los demás, e incluso con nosotros mismos? ¿Qué prefieres, ordenar o preguntar? ¿Saber lo que hay que hacer y encima atreverte a decirlo o preguntar a los demás en la suposición que ellos lo saben mucho mejor que tú?

Son quizá los dos extremos del abanico de posibilidades con las que nos tenemos que enfrentar a lo largo de nuestra vida. No es cierto que cada uno tiene su personalidad, casi nadie es tan pobre como para tener sólo una. Prácticamente todos tenemos varias formas distintas de comportarnos según el ambiente en que nos movemos o las circunstancias que nos rodean. Con tu familia eres de una forma que no es exactamente igual que con tus amigos íntimos, tus compañeros de trabajo, tus vecinos o con el público en general. Pero también es verdad que, salvo esquizofrénicos profesionales, solemos mantener una cierta distancia. Tampoco somos radicalmente distintos a nosotros mismos.

Y aquí es donde entra en juego el título del capítulo: “mandar o demandar”. ¿Cuál es tu tendencia? ¿Hacia dónde se te va el ramalazo? ¿Crees que te conoces lo suficiente como para poder contestar sin dar muchas vueltas?
En un extremo “mandar”. Ser capaz de saber lo que hay que hacer (o al menos de hacer como que lo sabes) y además tener el impulso de conseguir que los demás acepten tu opinión. Puede ser en un plano laboral y simplemente tu puesto de trabajo te permite ocupar ese lugar. Pero también hay líderes naturales que sin necesidad de un “nombramiento” oficial, son capaces de hacer que sus opiniones sean tenidas en cuenta porque son consideradas adecuadas habitualmente.

Si éste es tu caso la siguiente pregunta es: ¿por qué lo haces? Podría ser porque te encante la sensación de poder y te apetezca mantenerla en tu vida. Puede ser porque eres un vago y prefieres mandar hacer las cosas que tener que hacerlas personalmente. Quizá simplemente es por “mangonear” a todo el mundo porque tienes esa tendencia.
Me encantaría pensar que si lo haces es por tu sentido de la organización. Sabes que hay cosas que hay que hacer, te reconoces capaz de identificarlas y eres capaz de plantearlas a los demás en términos de llevarlas a cabo.

Sé consciente de cuál es tu motivación y una vez que la tengas localizada, date cuenta de si se cumple en muchas de tus personalidades o sólo en la que estabas pensando para contestar.
 



En el extremo opuesto “demandar”. Preguntar siempre a los demás (perdón por lo de “siempre”, ya sé que no existe un periodo de tiempo tan largo, pero es para entendernos) por lo que tenemos de hacer. Es una forma, quizá demasiado habitual, de dar más valor a la opinión de los demás que a la propia.

Si éste es tu caso la siguiente pregunta es la misma que antes: ¿por qué lo haces? Puede ser porque hayas desarrollado una relación de dependencia hacia los demás, quizá generada en tu infancia. O puede que seas un vago de los que dicen “a mi no me pagan por pensar” y prefieres que lo hagan otros a pesar de que luego tienes que pagar tú las consecuencias.

Me encantaría pensar que las veces que lo haces es porque eres consciente de que te falta información en ocasiones y no tienes miedo a preguntar. Como dice la frase: “es mejor parecer tonto por preguntar, que serlo por no haberte atrevido”.
 
   
Como no siempre es fácil identificar nuestro comportamiento te propongo un juego que quizá lo facilite: se trata de utilizar las letras de la palabra “liberación” para crear frases. Puedes utilizarlas todas o sólo unas cuantas; en una sóla frase o en varias, como tu quieras. Es sólo una forma de permitir a tu inconsciente asomarse un poco al exterior para permitirte más fácilmente identificarlo.

Escríbelas y luego mira hacia donde te ha salido el ramalazo, si en la dirección de “mandar” o en la de “demandar”. Aunque al menos hay una tercera opción.
Ni ordenas ni preguntas, sólo informas.

Como ejemplo de cómo va la cosa te pongo yo unas primero:
 


Limitar
Impulsos
Bondadosos
Es
Realmente
Abortar
Con
Indiferencia
Ocasionales
Nacimientos
 
Las
Inmensas
Bondades
Esparcidas
Racionalmente
Acaban
Cubriendo
Incluso
Oscuras
Necedades
 
Las
Increíbles
Bondades
Están
Realmente
Alrededor,
Con
Imaginarlas
Ocurren
Naturalmente
 


No te molestes en criticarlas, aunque igual el aviso llega tarde; hay cosas para las que somos increíblemente rápidos.
En fin, la cosa va así: escribe la palabra en vertical y utilizando las letras que quieras vete creando frases: varias, muchas, más. Ya las leerás luego para ver qué ha salido.

Aunque también podemos jugar de otra manera: con las mismas letras de la palabra “liberación” haz una lista de cosas, unas para mandar y otras para demandar.
Una vez que tengamos las listas hechas cogeremos a algún voluntario o quizá tú mismo para cumplirlas.
De nuevo te doy pistas de cómo podrían ser, pero tú puedes hacerlas mucho mejores:
 


Locura  haz en este momento una locura (ligera, obviamente)
 
Imagina   algo precioso y cuéntaselo a los demás
 
Busca   alguien a tu alrededor a quien dar un beso y hazlo.
 
Estupendo  es un buen momento para contar al mundo algo que haces muy bien 


Atrévete a descubrir qué impulsos sigues en tu vida, para que puedas conocerlos, seleccionarlos y, sobre todo, disfrutarlos.






 
 
Luis Serrano. (Artículo extraído del Cuaderno de Campo "Liberación" Santander 2007)